marillion – best sounds tour: Chile

Marillion es sin lugar a dudas una de mis bandas favoritas, y por tanto declaro una mirada aquí sesgada, pero también apasionada. Con Marillion no fue un caso de amor a primera vista: me tomó un tiempo encantarme con sus primeros discos, y luego otro tanto más con Hogarth, pero con el paso de los años mi gusto por los discos con Fish fue disminuyendo, y la época h, pronto ampliamente superior en número y gama estilística, la he recibido con mucho mejor gusto, sin ello significar que no considere  que hayan dado algunos pasos dubitativos o en falso, pero ¿quién puede aspirar a la perfección?

Marillion 20

Teatro Caupolicán, 18/10/12

Quizás algo cercano a la perfección fue para mi el conciertos de 2012 de Marillion, en el Caupolicán, cargado con buena parte de lo que considero lo mejor de la banda, ante un teatro repleto, y una banda que parecía no comprender cómo tras tantos años fuera del mainstream, aún lograba semejante arrastre.

Marillion, a diferencia de muchas bandas de rock progresivo, funciona como un ensemble. Compositores de canciones, más largas, más cortas, por sobre todo, lo de ellos no es la destreza instrumental – que probablemente tengan. Cada vez que hay un solo, es por razones estrictamente musicales, y no por demostrar una destreza.

Cuando las composiciones se extienden en duración ¡y vaya que se pueden extender!, lo hacen por el requerimiento de un desarrollo dramático. Sus épicos clásicamente relatarán una historia, un viaje físico, temporal o emocional, muchas veces a través de una serie de viñetas musicales enlazadas. Nada de secciones instrumentales de 10 minutos, por cierto. La progresividad no está ahí, y quizás por eso muchos no vean el progresivo en el Marillion tardío.

Son expertos en el dramatismo, y es por ello que me sentí desilusionado esta vez del primer show en Chile en Monticello. Pues claro, no hay lugar a dudas con que también son capaces de generar muy buenas canciones pop, de aquellas que pueden seguir sonando por años en radios del adulto joven, pero de aquellas hay otros que también pueden hacerlas, y puedes quedar perdido en un océano de buenas y anónimas canciones pop, similar como ocurre con Mike and the Mechanics. La diferencia entonces está en todo lo demás que son capaces de hacer estos tipos, y que Mike Rutherford dejó de hacer hace demasiados años.

La diferencia va en ser capaces de correr riesgos, desde hacer un disco conceptual cuando hacerlo era un suicidio comercial (Brave), hasta editar un disco doble cuyo primer disco es un ciclo de canciones atmosférico y decididamente poco inmediato, dejando el material más “tradicional” (a estándares de la banda) para el segundo (Happiness is the Road, volúmenes 1 y 2). No siempre he estado de acuerdo con el desafío, y éste no siempre ha sido musical: editar Marbles como un disco sencillo, retirando la obra maestra Ocean Cloud, y dejándola sólo para la venta directa por su página web no puedo no verlo como un error. Pero considero vital el correr riesgos, y en eso Marillion ha sido una banda tremendamente satisfactoria.

Vuelvo ahora a sus conciertos: decía ya que me sentí decepcionado con el show en Monticello, y es que claro, partieron con Gaza, y poco después en el set estuvo la memorable y atípica Man of a Thousand Faces, pero entremedio y hasta el cierre con la siempre emocionante Neverland tuve más un Greatest Hits Tour que un Best Sounds Live (setlist acá). Por cierto, los fans de la época Fish tuvieron suficiente espacio para disfrutar, y afortunadamente no sólo con las recurrentes, sino también con la dupleta más contundente de Warm Wet Circles/That Time of the Night.

Caupolicán 16/05/14

Teatro Caupolicán 16/05/14

Me faltaba el balance entonces, y afortunadamente para la segunda noche, en un Caupolicán nuevamente repleto, el balance llegó de la mejor manera. Si bien el setlist se perfilaba sin mayores cambios, el ambiente ciertamente daba para más. El público encendidísimo, desde un comienzo ovacionando al grupo, y Hogarth simplemente extasiado: corriendo de un lado al otro del escenario, haciendo cantar a la audiencia durante buena parte de las canciones (y nosotros buenos fans, cantando bien casi siempre), subiendo peligrosamente a los parlantes (y haciendo sufrir a sus roadies), corriendo por entre el público (y cayendo al suelo en el intento de volver).

Sin retirar nada (salvo la improvisada versión de Hotel California de la noche anterior), rescataron Uninvited Guest de Seasons End, y más importante aún, para el primer encore nada más ni nada menos que los 17 minutos de Ocean Cloud, el más atmosférico épico de la banda. Podrían haber tocado sólo este tema y quizás habría vuelto a casa igual de feliz.

La maratón de Marillion no habría estado completa si no hubiera estado completa sin el cierre con mis buenos amigos de Fugazi – Tributo a Marillion. Si bien la vez anterior habían ya contado con Mark Kelly y Steve Rothery, ahora, en un lugar mucho mejor, el auditorio de la Escuela Moderna de Música, la propuesta incluía vino de honor, exposición de fotografías del Sr. Rothery, y su participación junto a la banda en toda la segunda mitad del set. Si bien a mi pesar con un franco predominio de la época Fish  (debo decir si que temas como Incubus o Fugazi son en realidad muy buenos temas para escuchar de vez en cuando), el público mostraba su afecto, y se notaba lo agradecido que este humilde ídolo estaba de esas manifestaciones.

Tras estos tres días de celebración de la música de Marillion no puedo sino sentirme feliz. Tuve una vez más la ocasión de ver a una de mis bandas más queridas, cuyas composiciones significan más para mi. Pude además saludar a la banda, estrecharles la mano, y sacarme algunas fotos con ellos al término del show de Monticello (¡lo que ciertamente hizo que el nivel de decepción de la noche se disipara rápidamente!), y además pude reencontrarme con viejos amigos a quienes hacía mucho tiempo no tenía ocasión de ver en persona.

Todas cosas que podría hacer más y mejor en un Marillion Weekend Santiago. Creo que no soy el único que está pensando que tras el éxito de estos shows y el nivel de fanatismo que los chilenos han demostrado, bien podríamos cobijar con éxito uno de estos megaeventos, un sueño de todo fan de la banda que se precie de tal. Quién sabe, ¡quizás tenemos suerte!

Galería Flickr completa con mis fotos de Marillion 2012 y 2014 aquí

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Obras Cumbres: nuevos DVD de Los Jaivas y Congreso

En el domingo de un fin de semana en que el estudio ha gobernado las horas, decidí salir a dar una breve vuelta por el barrio. De pronto, casi sin poder controlarlo, entraba a una disquería. Tras el sentimiento de culpa inicial por saber lo que terminaría haciendo, una culpa que me hizo pensar si no sería similar a la del que entra al bar tras luchar por la abstinencia, vino la sonrisa, el “me lo merezco”, el “será sólo un disco”.

Pero es imposible llevar sólo un disco. Más cuando me encuentro con dos DVD recientes de mis bandas chilenas favoritas.

Ahí estaba Obras Cumbres, DVD doble recopilatorio de “videoclips” de Los Jaivas, editado este año, como secuela audiovisual del compilado de hace un par de años. Videoclips entre comillas, pues en su gran mayoría son registros de Los Jaivas en los distintos lugares en que han realizado filmaciones. Ahí está la Antártica, Torres del Paine, Isla de Pascua, y (por supuesto) Macchu Picchu. Ahí también están imágenes del Chile de los setentas, y cómo no, también algunos clips propiamente tales, algunos más conocidos (Hijos de la Tierra), otros sorpresas totales (El Gavilán).

Soy un gran seguidor de Los Jaivas, si bien no incondicional. Debo ser honesto y decir que hay material que me parece poco atractivo (En el tren a paysandú, Dónde estabas tú), pero cuando llegan alto, llegan más alto que ninguna banda nacional que haya escuchado.

Aquí llegar alto significan Los Jaivas progresivos, aquellos capaces de darnos Obras realmente Cumbres como Tarka y Ocarina -aquí en una aún más extensa versión en Isla de Pascua-, Canción del Sur, La Poderosa Muerte o El Gavilán. Sin olvidar a esos Jaivas enigmáticos de Águila Sideral, dramáticos de La Conquistada, o los más animados del Takirari del Puerto o del Mambo del Machaguay. Todo eso está aquí, y realzado con mezclas 5.1 para todos los temas. Una fantástica introducción a la banda para quienes aún sólo los conozcan por Mira niñita, Todos juntos o Sube a nacer conmigo hermano (también presentes aquí, por cierto)

Y al lado de Los Jaivas ahí estaban otras obras cumbres: Congreso a la Carta, DVD del show del mismo nombre de Congreso, de Abril de 2012, en lo que hasta donde sé, es su primer DVD. Es cierto que con una discografía tan amplia, es casi imposible hacer un mal set. Lo que podría ocurrir eso si, es ver una presentación deslucida. Sin embargo la agrupación ha sido consistentemente capaz de mantener un estándar de calidad altísimo: después de todo, estamos ante parte de los mejores músicos del país, encabezados por Sergio Tilo González y Pancho Sazo. Y cuando podrían hacer un show sólo de sus clásicos, continúan incorporando nuevo material (de su excelente último disco Con los Ojos en la Calle), el que es capaz de mezclarse sin ningún sentido de inferioridad con los temas de su extenso pasado.

 Saben además actualizar ese pasado: Invitan a Simón, hijo de Tilo González, a acompañarlos con su guitarra en una serie de temas (y por supuesto entre ellos SU tema, En el patio de Simón), presentan Impresiones de Agosto en su versión no censurada, ahora como Campanas de Tiza, y las caras “nuevas”, Sebastián Almarza (piano, teclados, voz principal en Canción Didáctica Nº1) y Federico Faure (bajo eléctrico y contrabajo) no se amilanan en nada frente a los miembros senior.

Destacable la sencilla pero teatral puesta en escena, con un registro a múltiples cámaras que siempre están donde se espera, y una mezcla de audio perfecta. ¿Si extrañé temas? claro, pero este show fue un ejercicio democrático donde los mismos fans votaron los temas, así que no queda más que aplaudir tras dos horas de concierto.

PD: en realidad no fueron dos, fueron 3. ¿Cómo no llevar por 3900 pesos un show en vivo de Yes 2003 en Montreaux, con su formación clásica de Anderson, Howe, Squire, Wakeman y White?

PD2: Casi un año sin publicar. Esperemos que no pase tanto para la próxima.

 

 

el lado oscuro de las reediciones

Si fueras el ejecutivo de una compañía discográfica, ¿Cómo te acercarías a uno de los mejores y más vendidos álbumes de la historia? ¿Cuál debiera ser el acercamiento si además se trata de una de las bandas con mayor reputación del rock, una con una discografía poblada por grandes conceptos? Cuando un disco ha vendido cerca de 50 millones de copias a la compañía discográfica probablemente no ve la diferencia entre producto y arte.

La más reciente serie de reediciones de Pink Floyd, con una gran campaña publicitaria asociada, consiste en 3 formatos de edición distintos, considerando distintos niveles de fanatismo, yendo desde ediciones simples remasterizadas (con la opción de un box conteniendo los 14 álbumes, siguiendo la misma linea de Oh By The Way, caja editada hace sólo 4 años), a ediciones con discos dobles con material agregado, para finalmente llegar a las Immersion, dedicadas a los fans más acérrimos y dispuestos a realizar gastos importantes, hasta el momento anunciadas sólo para los 3 álbumes más exitosos del grupo.

Debo haber preordenado la edición Immersion de Dark Side of the Moon muy poco tiempo después del anuncio de la campaña. Saber que contaría con una reedición en formato 5.1 en formato bluray fue suficiente para pagar un monto que prefiero no recordar.

Demoró en llegar, gracias a los clásicos retrasos en el correo con paquetes grandes, pero finalmente lo tuve. Sin embargo al momento de abrir el box sentí un profundo rechazo por mi compra. Si, estaba la mezcla sin compresión 5.1 de 2003 (si no está roto, no lo arregles), así como la cuadrafónica de 1973, y por supuesto un adecuado número de extras incluyendo versiones alternativas, temas inéditos, temas en vivo y un documental realizado para la reedición 2003, así como dos libros, uno con el arte del disco, otro con fotografías de la época, pero antes de llegar a todo ello tuve que bucear por una serie de bonos que jamás habría esperado ver asociados a una edición de Pink Floyd: ¿posavasos, bolitas, una bufanda? ¿Alguien va a realmente comprar un boxset de Pink Floyd por tener los posavasos de colección? Pareciera ser más bien una confusión en el departamento de marketing de EMI, donde alguien debe haber dicho “oh, y por cierto, ¿quién es Pink?”

Otros articulos “para coleccionistas” parecen ser más acordes pero no puedo evitar criticarlas, como una serie de tarjetas, que tal como aparecen descritas “son una serie de oscuras imágenes Floydianas reminiscentes de tarjetas de cigarrillos (pero éstas son tarjetas anti-cigarrillos). Pueden ser encontradas en varios productos de Pink Floyd”. Es así como ahora tengo 4 de 57 (ninguna de ellas referente a Dark Side of the Moon) y me imagino que si comprara la campaña completa de “productos Pink Floyd” tendría el set completo.

En el fondo (literalmente, pues el material realmente relevante, la música y el arte de portada, están al fondo de la caja) se trata de un excelente set que recopila todas las mezclas existentes, las entrega en un formato sin compresión y agrega material de archivo, sin embargo deja a Dark Side of the Moon, el álbum, como el producto anexo de Dark Side of the Moon, el fenómeno reflejado en un prisma.

Éste no es un caso único. Similares características presenta la  reedición de Wish You Were Here, pero afortunadamente en ese caso fue editada una edición SACD con la misma mezcla 5.1, en una edición mini libro conteniendo todo lo que se espera de una edición para coleccionistas: manufactura de lujo, una nueva versión del arte de portada y por supuesto todas las imágenes del arte original. La próxima edición de The Wall seguirá la misma tendencia, recopilando lo existente, pero sin ofrecer mayores novedades. Es más, en este caso ni siquiera fue realizada una mezcla surround, por lo que además el disco en si no debiera presentar mayores modificaciones más allá de una nueva remasterización.

El caso de Pink Floyd dista mucho de ser un caso aislado. Al poco tiempo de que en 2011 Rush editara una fantástica edición CD + bluray 5.1 de su clásico Moving Pictures, que muchos esperábamos fuera la partida inicial para una campaña de reedición, surgieron 3 box sets recopilando en forma parcial la discografía de la banda, cubriendo sólo hasta 1988 (aquellos editados por Mercury), con un formato muy particular: por cada box (llamado “Sector”) de 5 discos, sólo uno recibe tratamiento 5.1. ¿Y si ya compré Moving Pictures? bueno, ahora si compro el Sector 2 lo tendré en duplicado, claro que en una menor calidad.

Peter Gabriel, quien continuó su proyecto Scratch My Back con New Blood, álbum y gira con versiones para voz y orquesta de lo mejor de su carrera, editó New Blood como edición sencilla y otra limitada con un segundo disco de versiones instrumentales, y a su vez editó New Blood Live in London, en formato DVD, Bluray y Bluray 3D. Por supuesto, ytambién se editó una edición limitada con un empaque de lujo, y que ofrece además el disco New Blood, pero no el segundo disco instrumental, con lo que habría ofrecido una excelente recopilación de todo el periodo New Blood.

Es imposible no considerar que en el producto final de las reediciones influye si en ellas participación los músicos que participaron en las grabaciones o si sólo fueron las discográficas buscando generar un ingreso en una era en que editar un álbum sin ningún bono parece no ser una opción ante las descargas en mp3. En una reciente entrevista a Steve Howe, guitarrista de Yes, éste se manifiesta sorprendido al enterarse de la reedición de Anderson Bruford Wakeman Howe y manifiesta su molestia indicando cuán mejores podrían ser las reediciones si preguntaran a las partes involucradas, planteando a su vez que es un esquema que debe terminar.

¿Ejemplos a destacar? por supuesto que los hay. Genesis y Depeche Mode siguieron acercamientos muy similares a la reedición de sus discografías: Ediciones dobles CD (o SACD) + DVD para cada uno de los discos con nuevas mezclas 5.1, con entrevistas a las partes involucradas, junto a bonus tracks. King Crimson ha seguido una ruta similar, claro que no pidamos entrevistas a Robert Fripp, pero nos compensa ofreciendo además la mezcla original para los más puristas. ¿Qué vincula a estas campañas? la directa participación de los músicos.

Ciertamente el negocio de las reediciones no es nuevo, pero al parecer se hará cada vez más común ver una y otra vez ediciones “definitivas” y “limitadas”. La tarea para los fans será determinar quiénes están detrás de éstas, evaluar si cumplen las expectativas, y por sobre todo, evitar caer en la tentación de comprarlas por mero afan completista.

porcupine tree – recordings

Porcupine Tree siempre se ha caracterizado por entregar a sus fans material adicional al que aparece en los discos oficiales, y ello fue evidente especialmente en los primeros años de historia de la banda. Ahí están EPs como Staircase Infinities o Moonloop o discos de edición limitada como Insignificance, que afortunadamente han sido recopilados en las reediciones posteriores de los trabajos de los primeros años del cuarteto.

Durante la etapa formada por Stupid Dream (1999) y Lightbulb Sun (2000), discos caracterizados por un giro musical hacia el formato canción y una disminución del espacio dedicado a los desarrollos instrumentales, la producción de material extra se editó en la forma de numerosos discos singles, muchas veces con dos o tres versiones en este formato para cada uno, con distintos contenidos, transformándose en una tarea ardua, y especialmente cara el poder reunir todo el material editado.

Supliendo en algo esta situación se edita en 2001 Recordings, una edición limitada de 20000 copias que incluye una selección de caras B de los singles de estos discos, junto a algunas nuevas composiciones. No teniendo un afán enciclopédico, instrumentales como Novak u Orchidia son descartados y así permancerán como items de colección. Más bien, lo preferido aquí fue destacar que se trata de un conjunto de temas en que la no inclusión en álbumes previos no se debió a razones de calidad.

Recordings abre con Buying New Soul, composición de 10 minutos basada en la improvisación “untitled” (curiosamente también incluída en la compilación), que destaca en su desarrollo minimalista, con abundantes sonidos acústicos y secciones instrumentales en que se alternan intensidad eléctrica y segmentos atmosféricos.

El formato canción desarrollado en los discos previos se encuentra en temas como In Formaldehyde, melancólico y con un bello solo de guitarra final y en Disappear, rockero con una base acústica. Ambos podrían haber estado sin lugar a dudas en Lightbulb Sun. En tanto, el atípico Access Denied es un beatlesco familiar de Piano Lessons, mucho más animado de lo que es la norma para Porcupine Tree.

La veta progresiva, en tanto, surge en temas como Ambulance Chasing, instrumental con percusiones tribales y teclados muy inspirados que dan paso a un extenso solo de saxo a cargo del maestro Theo Travis. Momentos más atmosféricos se aprecian en el reposado Oceans Have no Memory y en A Cure for Optimism, un tema acústico delicadamente triste, que no habría estado fuera de lugar en Signify.

Ya llegando al cierre Recordings nos entrega una de las más grandes joyas: La versión completa de Even Less, editada en Stupid Dream por haber sido considerada demasiado progresiva comparada al resto del material del disco. En este trabajo en cambio está permitida la autoindulgencia y es así como se duplica en duración esta composición, incluyendo una extensa y furiosa sección instrumental.

El balance final de este compilatorio es altamente positivo, siendo una grata sorpresa encontrar un nivel tan homogéneo en calidad en un disco de “descartes”. Es interesante el hecho de que varios temas recuerden más a los discos anteriores a Stupid Dream, siendo muy probable que solo fueran descartados, tal como es el caso de la segunda parte de Even Less, por alejarse del estilo más conciso que buscaban por entonces.

Afortunadamente en forma reciente Recordings ha sido reeditado en CD y vinilo (en edición audiofila de 2000 copias), ambos disponibles en Burning Shed. Altamente recomendado, si bien lógicamente carezca de la cohesión que caracteriza a otros trabajos de Porcupine Tree.

¿qué música escuchas?

Esto será un viaje por la nostalgia.

 He sido fan de eso que llaman rock progresivo toda mi vida, o al menos desde los 13 o 14 años, y mi gusto por este tan impopular estilo se debe única y exclusivamente a Genesis, de cuando en 1992 compré mis primeros cassettes y entre ellos estaba uno llamado We Can’t Dance (los otros siendo Reggatta de Blanc de The Police y Greatest Hits de Queen: de Police sigo siendo un gran fan, de Queen aprendí a valorarlos en su justa medida). A los 12 años mis gustos musicales no tenían definición alguna, no tenía ninguna capacidad de definir qué canción era de Phil Collins y cuál era de Genesis, y para mis efectos el grupo era el de las canciones y videos divertidos. Pero empecé a escuchar ese cassette y de pronto me fui dando cuenta de que Genesis era bastante más que canciones para reirse, que era un grupo más bien serio.

Así pasó un poco de tiempo, no se bien cuánto, hasta que un día iba con mi papá fuera de Santiago y me di cuenta que cierta canción estaba siendo la banda sonora de un trayecto más bien largo. La canción era Fading Lights, el magnífico cierre del disco, y en cuanto llegué a casa la cronometré: 10 minutos 15 segundos. No podía creerlo, ¿podía acaso durar una canción tanto? Comencé a prestarle más atención al resto de los temas. Había un segundo tema de más de 10 minutos (uno que por un buen tiempo confié en que su traducción efectivamente era “tomando la última curva” tal y como decía mi cassette, y no “clavando el último clavo”), y un tercero de 7. Luego me fui poniendo maniático, cuando me fui dando cuenta de que en ocasiones habían segmentos instrumentales extensos, como el de la mentada Fading Lights, o el de la más breve Living Forever. Y todo ello me fascinaba en la medida que descubría que estaba ante algo completamente distinto a todo lo que antes podría haber escuchado antes.

En resumidas cuentas, estábamos ante el nacimiento de un fan de Genesis. Y todo fanatismo tiene cierta dosis de adicción, y necesitaba saciar una sed.

 Por supuesto, si esto hubiese pasado en 2010 si hubiese querido más era fácil. Hubiera bastado con entrar a google, tipear “genesis discography torrent” y mi programa de torrents habría hecho el resto del trabajo durante una noche o quizás parte de la mañana siguiente. Pero esos eran tiempos distintos, tiempos en que el acceso a la información era mucho más dificultosa y fragmentada. Con internet en forma masiva al menos en Chile aún en pañales, básicamente para avanzar en mis conocimientos del grupo tenía que optar por la suposición, por el azar, y luego, por mi gran guía, la revista Rock Clásico de Genesis (¿se llamaba así?), una edición nacional de biografías extendidas de bandas acompañadas de cancioneros, todo con fotografías y recortes entre psicodélicos y hippies. Y por supuesto, de los especiales de radio, que grababa religiosamente.

 Alguien ya me había dicho que tuviera cuidado con los discos más antiguos del grupo, pues eran un poco raros, así que avancé con cautela, comprando de a poco la discografía, haciendo calzar las piezas. Un día en radio Viva (97.7, del adulto joven), tocaron The Lamb Lies Down on Broadway. Lo grabé (en un cassette de 90min, ya sabía que era un disco doble), lo escuché una y otra vez, y no logré digerirlo más allá de In the Cage. Un buen signo fue que encontré interesante ese experimento -lejos lo más extraño que hasta ese entonces había escuchado en mi vida- llamado The Waiting Room, pero como un todo era demasiado, y decidí que al menos por un tiempo me enfocaría en cosas no tan antiguas, y de hecho (Tony Banks, perdóname), llegó el momento en que borré la cinta.

Finalmente todas las cosas llegan en el momento adecuado y es así como mi amor por el Genesis más clásico se generó a través de The Musical Box, como ya antes he escrito. De ahí a fascinarme incluso con ese rechazado The Lamb no pasó tanto tiempo, y de hecho contiene muchas de mis momentos favoritos, como el que alguna vez documenté también por aquí.

 Recuerdo con tremenda nostalgia esos tiempos -cuando ya tenía CD player, un minicomponente Kioto harto rasca, he de decir- en que mis ahorros se iban destinados a juntar cada peso para ir comprando, mes a mes, un nuevo disco del grupo, ya sea en reemplazo de un cassette o uno completamente desconocido. Y justo ahí estaban los Definitive Edition Remaster, a las que les habían sacado un poco de polvo, y como por ahí leía, en algunos casos las diferencias eran notables.

 Con justa razón mis compañeros de colegio me deben haber tenido en algún momento como el nerd. Obvio, el mateo del curso, el que no jugaba a la pelota, y el que tenía un cuaderno en el que se quedaba cada recreo traduciendo las canciones de su banda favorita. Pero es gracias a esas traducciones (y no a haber acudido a un colegio llamado “Colegio Inglaterra”) que me manejo algo en inglés.

 Pasaron los años, me compré todo posible boxset, seguí, al menos parcialmente, carreras paralelas de los músicos y ex músicos, tuve un sitio web dedicado a la banda (nada de 2.0, por cierto, pero que fue un pequeño orgullo), fui de los que vio como una oportunidad más que una catástrofe la salida de Phil Collins y el lanzamiento de Calling All Stations en 1997 con Ray Wilson como vocalista, y también vi con tristeza como preferían abandonar el barco tras los resultados poco satisfactorios en ventas de ese álbum.

 Seguí atento a todo posible rumor de reunión de la banda no sin cierto grado de amargura. Después de todo, Genesis siempre había sido una banda que se preocupaba de mirar hacia adelante, aún cuando la crítica (o los fans) los trataran de vendidos. El mirar adelante para mi había terminado cuando decidieron no hacer un segundo disco, con Ray Wilson, y quizás involucrando a otros músicos. Traer nueva sangre, decirle no al desgaste.

El camino decido fue otro, y finalmente en 2007 se oficializó una gira por Europa y Norteamérica. Y ahí estuve. Cómo no iba a estarlo, estaba claro que era mi única chance de verlos. Compré tickets primero para Inglaterra (en una locura de preventa, un día a las 7AM, con un sitio de ticketmaster colapsando, y cada vez que intentaba una vez más viendo cómo quedaba más y más lejos del escenario), pero la logística no me acompañó. Pero si que pude para las fechas de Norteamérica, y Philadelphia coincidía perfectamente con los feriados de fiestas patrias chilenas. Y lo hice: los vi en vivo, en una gira fantástica, con una puesta en vivo apoteósica, un set de temas que buscó hacer feliz a todos por igual lográndolo de buena forma. Por supuesto que compré el CD del show de esa noche, pero rara vez lo he escuchado. La magia fueron esas dos horas y media. Una grabación es una visión demasiado parcial.

Han pasado casi tres años desde ese recital y desde entonces por supuesto que han salido nuevas y lujosas reediciones (que por supuesto he comprado y comentado por aquí), pero con el paso de los años las cosas van cambiando. Desde haber escuchado sólo Genesis, a haberme hecho un fan acérrimo del rock progresivo, de pronto fui descubriendo otras cosas tanto o más cautivantes a mis oídos, y entonces a darme cuenta que las categorías en la música son una soberana estupidez. Genesis sigue ahi, pero ahora es distinto. De ellos querré tener cada material editado, leeré cada entrevista que pueda, seguiré perfeccionando mi conocimiento (a veces tendiente a lo enciclopédico) de la historia de la banda, pero hace mucho tiempo que no son mi banda más escuchada, como tampoco lo son ni King Crimson, ni Yes, ni Rush, ni Pink Floyd. Ahí si que están Marillion (etapa Hogarth), Porcupine Tree, No-man, Nick Drake, Radiohead, Anja Garbarek, Tortoise, Kevin Johansen, Jorge Drexler, La Desooorden, Congreso, Air, Massive Attack. Música abierta a explorar, músicos que no se quedan tranquilos, músicos que es imposible meterlos a todos en un mismo saco.

Y es así como cuando si antes me preguntaban ¿qué música escuchas? yo tenía sólamente que explicar en qué consistía el rock progresivo, y no era difícil, en los primeros años citando a Pink Floyd o Rush, y luego ya Radiohead y Muse me la pusieron mucho más sencilla. En cambio, cuando ahora viene la misma pregunta, me hago todo un lío.

no-man – wild opera

Wild Opera (1996), el tercer disco de No-man, considerando discografía oficial (es difícil numerar los álbumes de no-man después de todo, ¿acaso Speak y Heaven Taste no son acaso fantásticos discos más allá de no formar parte contar con el estatus de catálogo oficial?), es un trabajo único.

Cierto, cada disco de no-man es un poco único, todos guardan su distancia, pero tienen también claros elementos que los unen, siendo esto especialmente claro si descontamos las interferencias comerciales de Loveblows and Lovecries. El art-pop refinado, elaborado, de múltiples capas, paradójicamente con tanta influencia del minimalismo como del rock progresivo (y posteriormente también del post-rock) asociado a letras románticas y melancólicas sin caer en facilismo que caracterizado la música del duo tiende a desaparecer en Wild Opera.

Aquí Tim Bowness y Steven Wilson deciden tomar un camino que luego no volverían a tomar, o al menos no para un disco completo. Para No-man el giro incluyó composiciones sin pulir, elementos del trip hop (ese trip hop que ellos mismos habían hecho en Colours, antes que estallara el boom de Massive Attack y Portishead), sesiones de Robert Fripp, Mel Collins e Ian Carr, canciones muchas veces escritas y grabadas en menos de una hora, y muy especialmente un acercamiento completamente distinto de Bowness al momento de escribir las letras. Cada canción es una historia, historias incompletas con personajes perdidos, mediocres, desenfocados, vidas en ruinas, o próximas a serlo. Momento cumbre en ello es Sinister Jazz:


“..feeling alone, and never going home.
Robert lost the plot in greece.
the jesus army stole your niece.
but all you ever do is eat
(you’re never going home)
(you’re never going home)

Nunca sabes realmente lo que está ocurriendo, pero puedes intuir que no es nada bueno. Esos elementos de oscuridad y la fragmentación de la información de las historias de Bowness se transformarían con el tiempo en un elemento de inspiración al momento de crear mis propios relatos breves publicados en este sitio.

En 1997 se edita el mini álbum Dry Cleaning Ray, incluyendo temas adicionales de las mismas sesiones, junto a remezclas y reconstrucciones de algunos de los temas, en ocasiones hasta hacerlos irreconocibles, complementando y aumentando el mundo creado por Bowness y Wilson. Destaca especialmente Evelyn (the song of slurs), versión para el tema de Serge Gainsbourg, y Sicknote, tema extendido que de cierta forma muestra parte del camino que No-Man seguiría en el futuro.

Por momentos así en las carreras de los músicos tengo una predilección muy especial. Momentos quizás no perfectos, pero momentos de riesgo, de aventura. Ahí están discos fantásticos como Six de Mansun, 10,000 Hz Legend de Air u Outside de David Bowie. A veces generan la obra cumbre, en otras ocasiones generan opiniones más bien polarizadas. En el caso de No-man, probablemente sus mejores trabajos vendrían después, con discos como Returning Jesus o Together We’re Stranger. El dúo no volvería, ni musical ni líricamente a momentos como los de Wild Opera/Dry Cleaning Ray, salvo acercamientos puntuales en temas como Darkroom en el EP All that you are, o en Pigeon Drummer de Schoolyard Ghosts, pero probablemente fue un paso necesario dentro de su contante progresión sonora.

En 2010, y tras un período prolongado fuera de catálogo, se reedita Wild Opera en una versión remasterizada por Steven Wilson en formato doble, acompañado de Dry Cleaning Ray y seis temas adicionales, incluyendo temas inéditos y versiones alternativas, en una cuidada edición con un nuevo arte de carátula a cargo de Carl Glover y detalladas notas escritas especialmente para la reedición. Una buena ocasión para visitar un momento único de una banda única.