objetos personales

Es algo tan íntimo, pudoroso, tan intensamente personal que es difícil hablar de ello, mas debo, y es que hay algo mío que aún está contigo. Es mi cepillo de dientes, ahora un extraño, un emisario incómodo en tierras enemigas. Se quedó ahí una noche, en un tácito acuerdo de compañía y compromiso. De pronto, o más bien de a poco, la compañía y el compromiso se desvanecen, y ahí quedaste, oh, cepillo, abandonado a tu suerte, compartiendo con otros como tú, pero con quienes mantienes tanta distancia como te lo permite aquel vaso que comparten con esa estrujada pasta de dientes.

¿Qué será de tí? ¿Estarás aún en tu última morada conocida, ese rincón junto al lavamanos? ¿Cuál será tu destino? ¿un muy probable basurero, un reciclaje a escobilla multiusos, pertenecer, oh no, a una inescrupulosa nueva boca, un espacio en un panteón de trofeos de guerra, o una dudosa e innecesaria llamada de devolución?

Oh, valiente cepillo, tú no lo sabes, pero en tu soledad eres algo único: el único testigo de que una vez hubo algo. Y así, de pronto, te conviertes así ya no en sólo un cepillo, sino que en otro indicador de nuestro fracaso. Lo bueno es que te compré en un pack de 3, y es así como hoy te digo adiós.

tanto tiempo

Más de una vez me ha pasado que me encuentre con alguien inesperado. Más de una vez debo reconocer que evité el encuentro, me desentendí, asumí que el paso de los años era por algo, que para qué revivir una relación cuando has olvidado incluso nombres. Así he pasado de largo, cabeza en alto, mirada en lo más profundo del horizonte, sin dejar de sentirme un estúpido, pero sabiendo que no había una segunda opción. Así ha sido especialmente con personas del pasado que realmente no importan.

Es curioso sin embargo, que de todo el universo de mi pasado, ha habido una persona con quien en más ocasiones me he encontrado. Nunca fuimos amigos, no pasamos de ser compañeros de universidad por un semestre, y luego la historia debiera haber terminado y haber sido olvidada al cambiarme de carrera. Sin embargo, me encontré con ella, sólo con ella, las dos veces que volví a ese campus. Me encontré con ella viajando a mi primer trabajo, ella en su auto, yo adelantándola. Me encontré con ella en el metro, me encontré con ella en la calle una vez que me cambié de casa, lejos de ella. Me volví a encontrar con ella una vez más, hace una semana. Y esta vez pensé en saludarla, pero para entonces ella ya había pasado de largo.

¿Me habrá visto? ¿Me recordará? ¿Por qué habría de recordarme? ¿Por qué debiera saber mi nombre? ¿Por qué recuerdo su nombre, y si me esfuerzo un poco, incluso su apellido? ¿Si le hablara, qué le diría? ¿Cuántos segundos sería capaz de llenar comentando todas las veces que la vi pero que decidí ignorarla? ¿Se reirá reconociendo que también me ignoró o por el contrario me dirá o pensará al menos que soy un franco psicópata?

Más extraños y menos ignorados han sido mis encuentros con ex parejas. No han durado mucho más, pero han estado poblados por breves pero eternos silencios, miradas evitativas, frases entrecortadas, abrazos extraños. No saber qué decir, no saber qué responder, ni menos qué preguntar, pues en el fondo hay tanto que no deseas saber, y todo lo que si quisiste desaparece de tu mente. Lo bizarro de la situación es plasmado con un éxito relativo en Tanto Tiempo, ópera prima de Claudio Polgati distribuida gratuitamente a través del portal Cinepata.com.

¿en qué lugar de Santiago está esta escalera?

El formato de una pareja rota caminando hablando de nada pero de todo ciertamente no es original. Sin mucha dificultad recuerdo  la dupla Antes del Amanecer y Antes del Atardecer y la chilena Lo Bueno de Llorar, pero eso no es un pecado y creo que es un formato atractivo. Además, Tanto Tiempo tiene un valor interesante: estas conversaciones distan de ser perfectas, y lo refleja muy bien ya sea en forma intencionada o accidental. Considerando que lo que menos funciona y parece ser más forzado son los cortes entre escena y escena quizás habría sido mejor presentar la historia en tiempo real: personalmente no me habría aburrido de ver algunos minutos extra y lograr así una mayor fluidez.

El mayor valor que de esta película va por el lado lo que pasa con uno tras verla. Encuentros como el de Emilio y Elisa son de aquellos que te hacen de pronto recordar. Esas emociones que habías logrado guardar te invaden una vez más, y te acompañan por un rato, un rato en que sigues caminando, pero que a diferencia de Tanto Tiempo, lo haces solo, pensando en que esa extraña sensación de que realmente no estás a cargo de tu vida por completo no deja de ser inquietante. Por unos minutos, te acompaña esa soledad que sentiste cuando todo terminó esa vez, todo ese tiempo atrás. Y si tienes suerte, ese sentimiento se va rápido, cuando recuerdas que nuevamente tienes a alguien, pero entonces en mayor o menor medida piensas en qué pasará cuando todo una vez más se acabe, más tarde, más temprano.

¿Vale la pena? si, la vale. Tanto tiempo, en su computador más cercano.