el lado oscuro de las reediciones

Si fueras el ejecutivo de una compañía discográfica, ¿Cómo te acercarías a uno de los mejores y más vendidos álbumes de la historia? ¿Cuál debiera ser el acercamiento si además se trata de una de las bandas con mayor reputación del rock, una con una discografía poblada por grandes conceptos? Cuando un disco ha vendido cerca de 50 millones de copias a la compañía discográfica probablemente no ve la diferencia entre producto y arte.

La más reciente serie de reediciones de Pink Floyd, con una gran campaña publicitaria asociada, consiste en 3 formatos de edición distintos, considerando distintos niveles de fanatismo, yendo desde ediciones simples remasterizadas (con la opción de un box conteniendo los 14 álbumes, siguiendo la misma linea de Oh By The Way, caja editada hace sólo 4 años), a ediciones con discos dobles con material agregado, para finalmente llegar a las Immersion, dedicadas a los fans más acérrimos y dispuestos a realizar gastos importantes, hasta el momento anunciadas sólo para los 3 álbumes más exitosos del grupo.

Debo haber preordenado la edición Immersion de Dark Side of the Moon muy poco tiempo después del anuncio de la campaña. Saber que contaría con una reedición en formato 5.1 en formato bluray fue suficiente para pagar un monto que prefiero no recordar.

Demoró en llegar, gracias a los clásicos retrasos en el correo con paquetes grandes, pero finalmente lo tuve. Sin embargo al momento de abrir el box sentí un profundo rechazo por mi compra. Si, estaba la mezcla sin compresión 5.1 de 2003 (si no está roto, no lo arregles), así como la cuadrafónica de 1973, y por supuesto un adecuado número de extras incluyendo versiones alternativas, temas inéditos, temas en vivo y un documental realizado para la reedición 2003, así como dos libros, uno con el arte del disco, otro con fotografías de la época, pero antes de llegar a todo ello tuve que bucear por una serie de bonos que jamás habría esperado ver asociados a una edición de Pink Floyd: ¿posavasos, bolitas, una bufanda? ¿Alguien va a realmente comprar un boxset de Pink Floyd por tener los posavasos de colección? Pareciera ser más bien una confusión en el departamento de marketing de EMI, donde alguien debe haber dicho “oh, y por cierto, ¿quién es Pink?”

Otros articulos “para coleccionistas” parecen ser más acordes pero no puedo evitar criticarlas, como una serie de tarjetas, que tal como aparecen descritas “son una serie de oscuras imágenes Floydianas reminiscentes de tarjetas de cigarrillos (pero éstas son tarjetas anti-cigarrillos). Pueden ser encontradas en varios productos de Pink Floyd”. Es así como ahora tengo 4 de 57 (ninguna de ellas referente a Dark Side of the Moon) y me imagino que si comprara la campaña completa de “productos Pink Floyd” tendría el set completo.

En el fondo (literalmente, pues el material realmente relevante, la música y el arte de portada, están al fondo de la caja) se trata de un excelente set que recopila todas las mezclas existentes, las entrega en un formato sin compresión y agrega material de archivo, sin embargo deja a Dark Side of the Moon, el álbum, como el producto anexo de Dark Side of the Moon, el fenómeno reflejado en un prisma.

Éste no es un caso único. Similares características presenta la  reedición de Wish You Were Here, pero afortunadamente en ese caso fue editada una edición SACD con la misma mezcla 5.1, en una edición mini libro conteniendo todo lo que se espera de una edición para coleccionistas: manufactura de lujo, una nueva versión del arte de portada y por supuesto todas las imágenes del arte original. La próxima edición de The Wall seguirá la misma tendencia, recopilando lo existente, pero sin ofrecer mayores novedades. Es más, en este caso ni siquiera fue realizada una mezcla surround, por lo que además el disco en si no debiera presentar mayores modificaciones más allá de una nueva remasterización.

El caso de Pink Floyd dista mucho de ser un caso aislado. Al poco tiempo de que en 2011 Rush editara una fantástica edición CD + bluray 5.1 de su clásico Moving Pictures, que muchos esperábamos fuera la partida inicial para una campaña de reedición, surgieron 3 box sets recopilando en forma parcial la discografía de la banda, cubriendo sólo hasta 1988 (aquellos editados por Mercury), con un formato muy particular: por cada box (llamado “Sector”) de 5 discos, sólo uno recibe tratamiento 5.1. ¿Y si ya compré Moving Pictures? bueno, ahora si compro el Sector 2 lo tendré en duplicado, claro que en una menor calidad.

Peter Gabriel, quien continuó su proyecto Scratch My Back con New Blood, álbum y gira con versiones para voz y orquesta de lo mejor de su carrera, editó New Blood como edición sencilla y otra limitada con un segundo disco de versiones instrumentales, y a su vez editó New Blood Live in London, en formato DVD, Bluray y Bluray 3D. Por supuesto, ytambién se editó una edición limitada con un empaque de lujo, y que ofrece además el disco New Blood, pero no el segundo disco instrumental, con lo que habría ofrecido una excelente recopilación de todo el periodo New Blood.

Es imposible no considerar que en el producto final de las reediciones influye si en ellas participación los músicos que participaron en las grabaciones o si sólo fueron las discográficas buscando generar un ingreso en una era en que editar un álbum sin ningún bono parece no ser una opción ante las descargas en mp3. En una reciente entrevista a Steve Howe, guitarrista de Yes, éste se manifiesta sorprendido al enterarse de la reedición de Anderson Bruford Wakeman Howe y manifiesta su molestia indicando cuán mejores podrían ser las reediciones si preguntaran a las partes involucradas, planteando a su vez que es un esquema que debe terminar.

¿Ejemplos a destacar? por supuesto que los hay. Genesis y Depeche Mode siguieron acercamientos muy similares a la reedición de sus discografías: Ediciones dobles CD (o SACD) + DVD para cada uno de los discos con nuevas mezclas 5.1, con entrevistas a las partes involucradas, junto a bonus tracks. King Crimson ha seguido una ruta similar, claro que no pidamos entrevistas a Robert Fripp, pero nos compensa ofreciendo además la mezcla original para los más puristas. ¿Qué vincula a estas campañas? la directa participación de los músicos.

Ciertamente el negocio de las reediciones no es nuevo, pero al parecer se hará cada vez más común ver una y otra vez ediciones “definitivas” y “limitadas”. La tarea para los fans será determinar quiénes están detrás de éstas, evaluar si cumplen las expectativas, y por sobre todo, evitar caer en la tentación de comprarlas por mero afan completista.

Anuncios

¿qué música escuchas?

Esto será un viaje por la nostalgia.

 He sido fan de eso que llaman rock progresivo toda mi vida, o al menos desde los 13 o 14 años, y mi gusto por este tan impopular estilo se debe única y exclusivamente a Genesis, de cuando en 1992 compré mis primeros cassettes y entre ellos estaba uno llamado We Can’t Dance (los otros siendo Reggatta de Blanc de The Police y Greatest Hits de Queen: de Police sigo siendo un gran fan, de Queen aprendí a valorarlos en su justa medida). A los 12 años mis gustos musicales no tenían definición alguna, no tenía ninguna capacidad de definir qué canción era de Phil Collins y cuál era de Genesis, y para mis efectos el grupo era el de las canciones y videos divertidos. Pero empecé a escuchar ese cassette y de pronto me fui dando cuenta de que Genesis era bastante más que canciones para reirse, que era un grupo más bien serio.

Así pasó un poco de tiempo, no se bien cuánto, hasta que un día iba con mi papá fuera de Santiago y me di cuenta que cierta canción estaba siendo la banda sonora de un trayecto más bien largo. La canción era Fading Lights, el magnífico cierre del disco, y en cuanto llegué a casa la cronometré: 10 minutos 15 segundos. No podía creerlo, ¿podía acaso durar una canción tanto? Comencé a prestarle más atención al resto de los temas. Había un segundo tema de más de 10 minutos (uno que por un buen tiempo confié en que su traducción efectivamente era “tomando la última curva” tal y como decía mi cassette, y no “clavando el último clavo”), y un tercero de 7. Luego me fui poniendo maniático, cuando me fui dando cuenta de que en ocasiones habían segmentos instrumentales extensos, como el de la mentada Fading Lights, o el de la más breve Living Forever. Y todo ello me fascinaba en la medida que descubría que estaba ante algo completamente distinto a todo lo que antes podría haber escuchado antes.

En resumidas cuentas, estábamos ante el nacimiento de un fan de Genesis. Y todo fanatismo tiene cierta dosis de adicción, y necesitaba saciar una sed.

 Por supuesto, si esto hubiese pasado en 2010 si hubiese querido más era fácil. Hubiera bastado con entrar a google, tipear “genesis discography torrent” y mi programa de torrents habría hecho el resto del trabajo durante una noche o quizás parte de la mañana siguiente. Pero esos eran tiempos distintos, tiempos en que el acceso a la información era mucho más dificultosa y fragmentada. Con internet en forma masiva al menos en Chile aún en pañales, básicamente para avanzar en mis conocimientos del grupo tenía que optar por la suposición, por el azar, y luego, por mi gran guía, la revista Rock Clásico de Genesis (¿se llamaba así?), una edición nacional de biografías extendidas de bandas acompañadas de cancioneros, todo con fotografías y recortes entre psicodélicos y hippies. Y por supuesto, de los especiales de radio, que grababa religiosamente.

 Alguien ya me había dicho que tuviera cuidado con los discos más antiguos del grupo, pues eran un poco raros, así que avancé con cautela, comprando de a poco la discografía, haciendo calzar las piezas. Un día en radio Viva (97.7, del adulto joven), tocaron The Lamb Lies Down on Broadway. Lo grabé (en un cassette de 90min, ya sabía que era un disco doble), lo escuché una y otra vez, y no logré digerirlo más allá de In the Cage. Un buen signo fue que encontré interesante ese experimento -lejos lo más extraño que hasta ese entonces había escuchado en mi vida- llamado The Waiting Room, pero como un todo era demasiado, y decidí que al menos por un tiempo me enfocaría en cosas no tan antiguas, y de hecho (Tony Banks, perdóname), llegó el momento en que borré la cinta.

Finalmente todas las cosas llegan en el momento adecuado y es así como mi amor por el Genesis más clásico se generó a través de The Musical Box, como ya antes he escrito. De ahí a fascinarme incluso con ese rechazado The Lamb no pasó tanto tiempo, y de hecho contiene muchas de mis momentos favoritos, como el que alguna vez documenté también por aquí.

 Recuerdo con tremenda nostalgia esos tiempos -cuando ya tenía CD player, un minicomponente Kioto harto rasca, he de decir- en que mis ahorros se iban destinados a juntar cada peso para ir comprando, mes a mes, un nuevo disco del grupo, ya sea en reemplazo de un cassette o uno completamente desconocido. Y justo ahí estaban los Definitive Edition Remaster, a las que les habían sacado un poco de polvo, y como por ahí leía, en algunos casos las diferencias eran notables.

 Con justa razón mis compañeros de colegio me deben haber tenido en algún momento como el nerd. Obvio, el mateo del curso, el que no jugaba a la pelota, y el que tenía un cuaderno en el que se quedaba cada recreo traduciendo las canciones de su banda favorita. Pero es gracias a esas traducciones (y no a haber acudido a un colegio llamado “Colegio Inglaterra”) que me manejo algo en inglés.

 Pasaron los años, me compré todo posible boxset, seguí, al menos parcialmente, carreras paralelas de los músicos y ex músicos, tuve un sitio web dedicado a la banda (nada de 2.0, por cierto, pero que fue un pequeño orgullo), fui de los que vio como una oportunidad más que una catástrofe la salida de Phil Collins y el lanzamiento de Calling All Stations en 1997 con Ray Wilson como vocalista, y también vi con tristeza como preferían abandonar el barco tras los resultados poco satisfactorios en ventas de ese álbum.

 Seguí atento a todo posible rumor de reunión de la banda no sin cierto grado de amargura. Después de todo, Genesis siempre había sido una banda que se preocupaba de mirar hacia adelante, aún cuando la crítica (o los fans) los trataran de vendidos. El mirar adelante para mi había terminado cuando decidieron no hacer un segundo disco, con Ray Wilson, y quizás involucrando a otros músicos. Traer nueva sangre, decirle no al desgaste.

El camino decido fue otro, y finalmente en 2007 se oficializó una gira por Europa y Norteamérica. Y ahí estuve. Cómo no iba a estarlo, estaba claro que era mi única chance de verlos. Compré tickets primero para Inglaterra (en una locura de preventa, un día a las 7AM, con un sitio de ticketmaster colapsando, y cada vez que intentaba una vez más viendo cómo quedaba más y más lejos del escenario), pero la logística no me acompañó. Pero si que pude para las fechas de Norteamérica, y Philadelphia coincidía perfectamente con los feriados de fiestas patrias chilenas. Y lo hice: los vi en vivo, en una gira fantástica, con una puesta en vivo apoteósica, un set de temas que buscó hacer feliz a todos por igual lográndolo de buena forma. Por supuesto que compré el CD del show de esa noche, pero rara vez lo he escuchado. La magia fueron esas dos horas y media. Una grabación es una visión demasiado parcial.

Han pasado casi tres años desde ese recital y desde entonces por supuesto que han salido nuevas y lujosas reediciones (que por supuesto he comprado y comentado por aquí), pero con el paso de los años las cosas van cambiando. Desde haber escuchado sólo Genesis, a haberme hecho un fan acérrimo del rock progresivo, de pronto fui descubriendo otras cosas tanto o más cautivantes a mis oídos, y entonces a darme cuenta que las categorías en la música son una soberana estupidez. Genesis sigue ahi, pero ahora es distinto. De ellos querré tener cada material editado, leeré cada entrevista que pueda, seguiré perfeccionando mi conocimiento (a veces tendiente a lo enciclopédico) de la historia de la banda, pero hace mucho tiempo que no son mi banda más escuchada, como tampoco lo son ni King Crimson, ni Yes, ni Rush, ni Pink Floyd. Ahí si que están Marillion (etapa Hogarth), Porcupine Tree, No-man, Nick Drake, Radiohead, Anja Garbarek, Tortoise, Kevin Johansen, Jorge Drexler, La Desooorden, Congreso, Air, Massive Attack. Música abierta a explorar, músicos que no se quedan tranquilos, músicos que es imposible meterlos a todos en un mismo saco.

Y es así como cuando si antes me preguntaban ¿qué música escuchas? yo tenía sólamente que explicar en qué consistía el rock progresivo, y no era difícil, en los primeros años citando a Pink Floyd o Rush, y luego ya Radiohead y Muse me la pusieron mucho más sencilla. En cambio, cuando ahora viene la misma pregunta, me hago todo un lío.

de moscas y autopistas

“There’s something solid forming in the air,

the wall of death is lowered in Times Square.

No-one seems to care,

they carry on as if nothing was there.

The wind is blowing harder now,

blowing dust into my eyes.

The dust settles in my skin,

making a crust I cannot move in

and I’m hovering like a fly, waiting for the windshield on the freeway…”

Fly on a Windshield, Genesis (1974)

Dentro de la compleja, oscura y muchas veces confusa narrativa del clásico disco The Lamb Lies Down on Broadway de Genesis, abundan los momentos de excelencia. Sin embargo, existe uno en particular en que el trabajo lírico de Peter Gabriel se conjuga con verdadera maestría con la música creada por la banda. Es Fly on a Windshield, un breve tema que siendo por un lado pivotal en el desarrollo del concepto del disco, es especialmente una dura reflexión respecto al ver venir un golpe.

Quién no ha sentido esa extraña sensación de saber que algo se viene, que un impacto es lo más seguro, pero que no hay forma de prepararse. Sentir la angustia crecer al ver venir la crisis sin poder hacer nada para prevenirla más que quedarse congelado esperando su llegada. Como Gabriel diría en su inusual estilo, como una mosca esperando por un parabrisas en la autopista.

Es algo que merece ser oído. Puede resultar curioso, pero el elemento fundamental, el verdadero toque de maestría es esa fracción de segundo de silencio desde que Peter Gabriel canta esa tan descriptiva última frase hasta que la banda estalla en un instrumental al mismo tiempo dramático y atmosférico. La perfecta definición del sentimiento de indefensión que te puede llegar a envolver, y que puedes llegar a hacer durar tanto tiempo sólo por temor a enfrentar la realidad, a asumir que nuevamente tienes el vacío frente a tí, ese infinito vacío.

Turn it on again: reedición del catálogo de Genesis

Genesis es, curiosamente y pese a sus millones de discos vendidos, una de aquellas bandas que pasan particularmente desapercibidas en los recuentos históricos del rock. Nunca favoritos de la crítica, ya sea por sus excéntricos primeros álbumes que los colocaron en la cúspide de la vanguardia progresiva de los años setentas, o por sus últimos trabajos peyorativamente calificados como música pop, se ha tratado históricamente de una banda poco comprendida.

Aún así, Genesis cuenta con una sólida base de fanáticos, cómo lo demostró su exitosa gira por Europa y Norteamérica que figuró entre las más exitosas de 2007 y que reunió a Tony Banks, Mike Rutherford y Phil Collins, la formación que se mantuvo por más años y que produjo más trabajos, pero no necesariamente la más anhelada por los fans más acérrimos, que siguen soñando con una reunión con Peter Gabriel y Steve Hackett.

Entretanto, la última década de Genesis, silenciosa en cuanto a producción de material original, ha sido particularmente rica en publicación de material de archivo. Ahí están los box sets Archive 1967-75 y 1976-92, que reunieron material en vivo, caras B y tomas previamente inéditas. También la edición en DVD de las giras de Invisible Touch (Live at Wembley Stadium) y We Can’t Dance (The Way We Walk), la aparición de compilados cubriendo la historia completa de la banda, uno conteniendo los “hits” junto a una regrabación de The Carpet Crawlers, otro, The Video Show, conteniendo los videoclips, y un tercero The Platinum Collection, en una edición triple conteniendo “lo mejor”, brindando una mirada más amplia a lo que fue la carrera de Genesis, con mayor énfasis en material que no necesariamente fue single, pero que si es atesorado por los fans.

Sumemos luego las ediciones en relación a su gira de reunión, el disco doble Live Over Europe y el DVD When in Rome, y el libro autobiográfico Chapter and Verse y tenemos como resultado una considerable cantidad de material. Ello sin considerar que el fan acérrimo estará interesado en obtener también las recientes reediciones remasterizadas del catálogo de Peter Gabriel, Steve Hackett y Anthony Phillips.

Lo anterior sin embargo se reduce a una pequeñez cuando enfrentamos el proyecto más ambicioso relacionado al catálogo genesiano, el que quizás es el trabajo de reedición más grande llevado a cabo por banda alguna respecto a su catálogo: Entre 2007 y 2008 se editaron en forma de tres box sets la discografía completa del grupo (descontando al primer disco, From Genesis to Revelation), en formato SACD/CD + DVD. En un esfuerzo inédito, el proyecto no se limitó a nuevas remasterizaciones del material, sino que a una completa remezcla en versiones estéreo y 5.1 de cada álbum, manteniendo el espíritu, pero limpiando el sonido, brindando una claridad sonora ausente especialmente en los primeros trabajos, grabados en años de presupuestos escasos, limitaciones técnicas y escaso tiempo para las grabaciones. Tamaño trabajo fue llevado a cabo por el ingeniero en sonido Nick Davis, con apoyo directo de Tony Banks y la aprobación de todos los miembros y ex miembros de la banda.

Es difícil destacar trabajos, pero discos como Nursery Cryme, And Then There Were Three, o Genesis se ven notoriamente beneficiados. Punto aparte es The Lamb Lies Down on Broadway, cuyo resultado es sencillamente sobrecogedor, con un sonido que quita el aliento, y la presentación en forma sincronizada con la música de las diapositivas originales de la gira de 1974, junto a imágenes y video de archivo.

Cada trabajo ha sido además acompañado de abundantes entrevistas a los músicos involucrados, brindando luces sobre el proceso compositivo, las relaciones internas de los músicos y la valoración que hacen de la su obra. También se incluye abundante material de video de archivo, tanto en actuaciones en vivo, como documentales y videoclips, la gran mayoría previamente disponible sólo en bootlegs.

Mientras cada disco puede ser adquirido por separado, cada una de las tres cajas cuenta además con un disco de material extra incluyendo caras b del período así como material previamente inédito, junto a un librillo con interesantes textos y fotografías. En el caso de la caja del período 1970-1975, la guinda de la torta es una suite de cuatro temas inéditos de 1970 compuestos como banda sonora para un abortado documental. La caja 1976-1982, en tanto incluye todas las caras B, incluyendo dos que habían sido excluídas del segundo Archive. Tan sólo el disco bono de la caja 1983-1998 resulta algo mezquina, excluyendo parte de las caras B de Calling All Stations, el último disco de Genesis, con el vocalista Ray Wilson.

El resultado final es ciertamente elogiable. Lo que pudo ser tan sólo una reedición más se transforma en una labor de amor hacia un catálogo que invita a ser redescubierto.

the musical box

En los noventas las cosas eran distintas. La forma de conocer nueva música era bastante limitada a escuchar programas especiales en la radio de tus artistas favoritos. Radios como Futuro y la antigua Concierto podían presentar material particularmente suculento para expandir los gustos musicales. Con cassette siempre en la grabadora con REC +PAUSE apretados, esperabas el inicio de un programa que pudiera llevarte a otros mundos.

Fue decididamente otro mundo el que conoci la primera vez que escuché The Musical Box. Ya conocía el material de Genesis de We Can’t Dance e Invisible Touch, además de un par de cassettes de otros especiales de Genesis de la radio. Ya había adquirido ese gusto especial de darse cuenta de que una canción podía durar más de 4 minutos y por qué no diez, y alucinaba con escuchar algún día esa mítica Supper’s Ready, canción de 23 minutos que aparecía descrita en mi releída revista Rock Clásico en su especial de Genesis.

Pero nada me había preparado lo suficiente para The Musical Box, primer tema de Nursery Cryme de 1971. Cómo podría estarlo, si básicamente se trataba de algo distinto a todo lo que había escuchado hasta ese entonces.

(Haz click para escuchar The Musical Box)

Con su inicio acústico en que destaca el intrincado trabajo de las guitarras de 12 cuerdas de Mike Rutherford, Steve Hackett y Tony Banks acompañadas de la flauta de Peter Gabriel y los precisos y prolijos aportes de percusión de Phil Collins, el grupo da el soporte musical a una narración acerca de darse cuenta de que los reinos de hadas no existen y de un alma en pena vagando por siempre dentro de una caja de música. Si bien la canción no nos entrega detalles, para eso está el librillo del disco, o las introducciones en vivo de Peter Gabriel, donde nos enteramos que el alma en pena es Henry, un niño condenado a vivir en un cuerpo senil cuando la dulce Cynthia graciosamente removió la cabeza del pequeño con una palo de criquet.

Acorde a la temática onírico-macabra, entre toda la belleza acústica se puede sentir que algo va a ocurrir. De cierta forma un aire siniestro se cuela ente las guitarras y ese algo luego estalla con violencia eléctrica, con Steve Hackett brillando en su debut en Genesis. Desde ahí en adelante se desarrolla una montaña rusa musical que no deseas que se detenga más, y que llega a una conclusión majestuosa.

Han pasado los años y sigo disfrutando The Musical Box, pero ya no es como esas primeras veces, en que por momentos parecía perdido en un océano musical de aguas bastante turbulentas, sin saber bien qué es lo que estaba por venir, pero esperandolo ansioso. Extraño esos tiempos en que escuchaba una composición que no parecía tener forma, en que las partes vocales eran islas en ese océano instrumental, donde Genesis parecía ser una orquesta ejecutando una obra sinfónica en clave de rock.

Era magia pura, en un tiempo en el que la música lo llenaba todo y brindaba respuestas para todo, y Genesis ciertamente lo era todo. Tiempos más simples, tiempos donde había demasiado futuro y muchos más discos de Genesis por descubrir.

blood on the rooftops

Though your eyes see shipwrecked sailors you’re still dry…

Ingleses de sudamérica nos dicen. Más son las veces en que nos damos cuenta de lo contrario, pero cuando se trata del espíritu melancólico y gris que los ingleses parecieran tener, es donde vemos que tan lejos no estamos de ellos.

Quizás son entonces razones sociodemográficas las que expliquen mi predilección por Blood on the Rooftops, joya del disco Wind and Wuthering (1977) de los ingleses Genesis. La banda suena aquí más inglesa que nunca, más aún quizás que en el ya muy inglés Selling England by the Pound de 1973. Dejando en clara su autoría, Steve Hackett comienza pulsando las cuerdas de su guitarra acústica mientras tan sólo un minuto más tarde Tony Banks ingresa con su comedido y preciso uso de teclados en los que destaca el Mellotron, mientras Phil Collins hace una entrega vocal llena de sentimiento y pasión.

Comprender completamente el trabajo lírico de esta canción puede ser difícil, siendo muchos de los versos menciones programas de TV de la época o eventos netamente británicos, incluyendo al saludo de la Reina en Navidad, o un juego de cricket. Pero aún así, la descripción de una existencia sentados al lado de la TV, bebiendo té y cambiando el canal cuando éste se atreve a mostrarnos cómo el mundo se cae a pedazos no puede sino hacernos sentir remecidos por ese familiar sentimiento de inmovilidad, de no hacer, de no pensar. Imposible no sentirnos tantas veces atados a una vida ligada a los placeres breves, dando más espacio del necesario a problemas triviales e ignorando los temas más importantes.

Una vez que la canción termina la banda no abandona el tópico en los temas siguientes que dan cierre al álbum, primero dos instrumentales acerca de sueños inquietos de los que duermen en esta tierra inquieta, como se traduce el título conjunto de ellos (y a su vez línea final de la novela Cumbres Borrascosas), y luego explorando el espíritu de desolación cuando todo lo que amas se ha perdido que transmite Afterglow.

…O es quizás Blood on the Rooftops una de mis favoritas del catálogo genesiano tan sólo porque no amar esta canción es sencillamente imposible. Demasiada belleza como para no aceptarla. Melancólica belleza.

Escuchar: Genesis – Blood on the Rooftops