sueños perdidos

Despierta y mira su reloj de pulsera sobre el velador. Se bendice por su despertar a la hora y maldice a su alarma que no sonó, y decide que esta vez no se quedará en la cama ni un segundo más y va directo a la ducha. Toma sus cosas, guarda el laptop y parte raudo a las escaleras, pero a último minuto cambia de parecer y toma el ascensor. Primer piso y puerta de salida. Mira el cielo, está oscuro y pareciera que va a llover. Sube al auto. El brillo del reloj en el panel le obliga a mirar. Lee los números de la pantalla led.

5.15 

Mira por segunda vez su reloj de pulsera con algo de dificultad, en las mañanas le cuesta enfocar. 5.16. Intenta vanamente que ese 5 sea un 7, pero no, mierda, despertó dos horas antes. Piensa en volver a dormir, pero no, ya no tiene sueño y decide partir. ¿Partir a dónde?

Las calles, salvo un ocasional compañero de madrugada, son suyas. Maneja lento, se detiene y vuelve a partir haciendo de estas dos horas que le restan un viaje por el recuerdo, revisitando cada lugar que compartieron. Recuerda las palabras, recuerda los gestos, recuerda largos silencios y no puede evitar sentir una cierta tristeza ante lo que no fue. 

La luz del semáforo da rojo. Cierra los ojos y espera retomar el sueño perdido. Pero el sueño es otro sueño, y la luz verde dice que hay que seguir adelante. Sorprendentemente no le parece una mala idea en lo absoluto, y parte acelerando en segunda.

sueños olvidados

Como todos los días, despertó y buscó su reloj para comprobar lo que ya sabía, que eran las dos. Calculó las horas que quedaban de sueño -cuatro y media- y se fue a la cocina. Abrió el refrigerador, lo cerró. Se sirvió un vaso de coca-cola sabiendo que esa cafeína no sería buena para un buen dormir, dio un sorbó y caminó al dormitorio. Vaso en el velador, play en el disco que pone cada noche para dormir, y volvió a la cama.

Despertó de un gran sueño a las 6:15 y aún no sonaba la alarma, por lo que la canceló. Su gato, como todos los días, apareció demandando cariño, y dedicó unos minutos de los quince a favor que tenía a satisfacerlo, al tiempo que olvidó lo que soñó. Buscó su ropa, entró al baño, encendió el calefactor. Estuvo treinta minutos en el baño y luego otros tantos a ordenar su maletín.

Eran las 7:15 cuando salió del edificio. Desde la puerta de acceso giró despreocupado su cara a la izquierda y se enfrentó a la torre de oficinas vecina. Bella, rupturista pero estilizada, prolija en ángulos y detalles. No pudo, como todos los días, dejar de recordar cómo la habían admirado tantas veces juntos, en esos tiempos lejanos de ser dos en vez de uno.

Subió al auto y emprendió el camino al trabajo. Trató de recordar lo que soñó, ¿fue realmente un gran sueño?. Sabía que en su sueño habían estado juntos, ¿o es que acaso era lo que quería haber soñado?

Siguió manejando, y se entristeció al pensar que todo lo que quedaba ahora eran sueños olvidados y ocho kilómetros de trayecto al resto de su vida.