orquesta andina en pichidangui

Era Febrero 2012. Con los ansiados panoramas de vacaciones desarmados, algo había que hacer. Y después de arruinarlo todo un poco más chocando el auto, la opción fue partir sin rumbo claro, para terminar en Pichidangui, IV región. Instalados ahí, nos encontramos ante una caleta-balneario encantador, y que además nos ofrece una fantástica presentación de la Orquesta Andina de la Universidad Católica de Valparaíso, frente al mar.

Sobre nosotros, pero especialmente sobre ellos, un cielo oscuro, un viento de aquellos, una llovizna inesperada en zona semi desiertica. Ello podría haber significado suspensión, pero ni el público ni la Orquesta, dirigida por Félix Cárdenas, estaban dispuestos a abandonar. Y aún cuando nunca antes los había visto (ni tampoco nada similar), tengo la idea de que se trató de una de sus mejores presentaciones. Pues claro, porque no sólo era un recital, era una pequeña gran batalla, eran los músicos sacándole lo mejor a sus mojados instrumentos, secando partituras, y afirmándolas para que el viento no las lleve. Nos perdimos la maravillosa marimba, pero quizás habría sido pedir demasiado.

Un momento fantástico para recordar que lo menos preparado puede ser lo mejor, y suficiente como para que chocar el auto fuera tan sólo una anécdota en el viaje.

en la feria de san telmo

(..and then to San Telmo to buy some antiguos – Kevin Johansen)

Una mujer pasa horas con sus burbujas de jabón, ahí, parada en la esquina de Defensa y Calvo, sin vender nada, sin sombrero para propinas, sin otro afán aparente más que impregnar el ambiente de recuerdos de infancia mientras las burbujas avanzan lejos y revientan al tocarnos.

Pasos más allá un policía bosteza para luego terminar su cigarrillo y le pregunta a su colega  por qué -una vez más- les corresponde cubrir la feria un domingo en la mañana.

No lejos de ahí un turista se asombra con la imagen de esta feria que no pareciera acabar nunca, y aunque finalmente no compra nada, desconfía de su retina y de toda esa maraña de neuronas hacen los recuerdos y retrata el momento.

apacheta

El pueblo Lickan Antai levantaba a lo largo de los caminos pequeños montículos de piedra o apachetas. Las apachetas tenían funciones múltiples, lugar de ofrenda a la divinidad, hito en los caminos, contenedores de alimento. La detención frente a éstos entonces le permitía orar, pero por supuesto también descansar, para luego colocar una nueva piedra y seguir su largo camino. Desconozco si es un rito heredado del dominio Inca, o si era propio, ignoro si lo que me contaron de ellos es real.

Hoy todo turista que visite la región querrá realizar su propia apacheta, y es así como éstas se encuentran en buena parte de los paisajes del lugar, a veces una, a veces bastantes más. Ya no es una ofrenda, ya no es un descanso, ahora es sólo una foto para recordar el borroso pasado, o sólo una forma de decir Yo Estuve Ahí.

Apacheta en el Valle de la Luna, San Pedro de Atacama – Chile

momento perfecto

El sol se esconde bajo la cordillera Domeyko, y nosotros lo observamos sobre el suelo salino de la Laguna Tebenquiche, en el Salar de Atacama. Es justo en ese instante que a nuestras espaldas surge la luna llena sobre los Andes iluminados por los últimos rayos de sol.

Es cierto, existen los momentos perfectos.