objetos personales

Es algo tan íntimo, pudoroso, tan intensamente personal que es difícil hablar de ello, mas debo, y es que hay algo mío que aún está contigo. Es mi cepillo de dientes, ahora un extraño, un emisario incómodo en tierras enemigas. Se quedó ahí una noche, en un tácito acuerdo de compañía y compromiso. De pronto, o más bien de a poco, la compañía y el compromiso se desvanecen, y ahí quedaste, oh, cepillo, abandonado a tu suerte, compartiendo con otros como tú, pero con quienes mantienes tanta distancia como te lo permite aquel vaso que comparten con esa estrujada pasta de dientes.

¿Qué será de tí? ¿Estarás aún en tu última morada conocida, ese rincón junto al lavamanos? ¿Cuál será tu destino? ¿un muy probable basurero, un reciclaje a escobilla multiusos, pertenecer, oh no, a una inescrupulosa nueva boca, un espacio en un panteón de trofeos de guerra, o una dudosa e innecesaria llamada de devolución?

Oh, valiente cepillo, tú no lo sabes, pero en tu soledad eres algo único: el único testigo de que una vez hubo algo. Y así, de pronto, te conviertes así ya no en sólo un cepillo, sino que en otro indicador de nuestro fracaso. Lo bueno es que te compré en un pack de 3, y es así como hoy te digo adiós.

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