bodas de oro

Lo tenía todo decidido desde antes. Guardó más temprano que lo habitual los aviones de alambre que vendía en la calle y marchó rumbo a su casa. ¿Vieja, estás lista?, preguntó al momento de entrar a la casa. Casi lista viejo, respondió la temblorosa voz de la anciana, al tiempo que salía del baño con su traje de pantalón blanco y blusa negra con lunares. El viejo entonces entró raudo al baño, ¿me tienes la ropa lista?, Claro viejo, colgada en la puerta, ¿la viste? Si, si, ya la ví. Se sacó su transpirada camisa, mojó la toalla y la pasó por su cara y luego sus axilas. Con cierta dificultad sacó sus pantalones y se colocó los de su traje negro, de fina factura pero ya gastado por el paso de los años. No dio importancia al gastado cuello de su camisa, anudó su corbata y salió del baño. Ella completó su atuendo con un sombrero de ala larga en diagonal y lentes de sol de carey hexagonales que cubrían la mitad de su cara, él acomodó su corbata y se puso su chaqueta y juntos salieron de la casa y subieron al viejo Opala café estacionado en la calle.   

Y en el viejo Opala partieron, zigzagueando por la calle los dos ancianos, sonriendo tomados de la mano. Apagaron sus audífonos ante los constantes bocinazos de los autos a los que constantemente casi chocaban en su ondulado paseo, y así ninguno de los dos escuchó cuando el otro dijo Ya es hora, y el viejo sonrió, aceleró frente a la luz roja, y agradeció a sus osteoporóticos huesos y a su viejo auto sin airbag al momento de recibir el súbito y demoledor impacto del bus.
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5 pensamientos en “bodas de oro

  1. ¡Qué bueno, Jorge! ¡Vaya final inesperado!
    En España te diría una expresión coloquial que vendría a cuento después de leer este relato, pero me temo que en cualquier otro país iba a sonar raro, más como un insulto que como una expresión de asombro… xDDD
    Un abrazo.

  2. Salva
    Me alegra que lo hayas disfrutado. He de decir sin embargo que tiende a preocuparme que mis relatos tiendan a ser un tanto crueles. Graciosamente crueles, quizás, o al menos es mi idea.

    Sería interesante saber qué tan insultante resultas con tus hispanicismos ;)

  3. Pues es fácil. Justo al terminar de leer el relato me saldría algo así como:
    ¡qué cabrón!, claro que con una sonrisilla en la boca, eso es fundamental (no en todas partes de España se usa de esa manera, por el sur más bien).

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