sueños perdidos

Despierta y mira su reloj de pulsera sobre el velador. Se bendice por su despertar a la hora y maldice a su alarma que no sonó, y decide que esta vez no se quedará en la cama ni un segundo más y va directo a la ducha. Toma sus cosas, guarda el laptop y parte raudo a las escaleras, pero a último minuto cambia de parecer y toma el ascensor. Primer piso y puerta de salida. Mira el cielo, está oscuro y pareciera que va a llover. Sube al auto. El brillo del reloj en el panel le obliga a mirar. Lee los números de la pantalla led.

5.15 

Mira por segunda vez su reloj de pulsera con algo de dificultad, en las mañanas le cuesta enfocar. 5.16. Intenta vanamente que ese 5 sea un 7, pero no, mierda, despertó dos horas antes. Piensa en volver a dormir, pero no, ya no tiene sueño y decide partir. ¿Partir a dónde?

Las calles, salvo un ocasional compañero de madrugada, son suyas. Maneja lento, se detiene y vuelve a partir haciendo de estas dos horas que le restan un viaje por el recuerdo, revisitando cada lugar que compartieron. Recuerda las palabras, recuerda los gestos, recuerda largos silencios y no puede evitar sentir una cierta tristeza ante lo que no fue. 

La luz del semáforo da rojo. Cierra los ojos y espera retomar el sueño perdido. Pero el sueño es otro sueño, y la luz verde dice que hay que seguir adelante. Sorprendentemente no le parece una mala idea en lo absoluto, y parte acelerando en segunda.
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7 pensamientos en “sueños perdidos

  1. Interesting post. I enjoy being out in the streets before dawn, when nobody else is around. Do you intend this simply as a note about your day, or as part of a longer work? It would work nicely as the opening scene of a story.

  2. Ayer mismo empecé mi dietario de sueños. No lo tenía pensado hasta que recordé uno muy significativo y quise empezar a obligarme a recordarlos para poder escribirlos después. Jugaba un poco también con el despertar. Y, bueno, el dietario de mis clases de Lingüística ya lo has leído, plagado de semáforos verdes. Así que cuando llegué aquí sentí que habías cogido, de alguna manera, mis dos dietarios y los habías arrugado juntos, formando este relato.

    Un grata sorpresa.
    Menos mal que tenemos a Salva que está en todo.

    Un saludo, Jorge.

  3. el otro día que leí tu historia no sabía muy bien qué comentar, más allá de que me gustara. pero hoy la leo con otros ojos pues el sábado me tocó hacer un recorrido por calles y lugares fueron compartidos y ahora ya no.

    es inevitable la tristeza de pensar en aquello que no fue.

    un abrazo.

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