cinco notas

Cinco notas. Míseras cinco notas son las que me hacen estar aquí. Benditos compositores contemporáneos que son capaces de tenerme aquí todo un concierto por esas cinco notas que Andrés, al lado mío, es incapaz de ejecutar pues está tocando todo lo demás. A veces pienso si no será ése el objetivo, si acaso no seré yo el centro de la presentación, si mi presencia visible pero insonora era acaso el fin último buscado. Pero entonces mi argumentación sin pies ni cabeza se encauza al tiempo que me doy cuenta de que estoy a punto de cabecear en el asiento. Ahí si que sería el centro de la función, una función única, y en mi caso particular, última.

Entonces, ¿por qué estoy aquí? por qué estoy echado en este asiento, con un traje que nunca me quedó bien, incapaz de mantener una postura acorde durante todo el tiempo que tengo que esperar por esas cinco notas, y luego todo el tiempo que quedará antes que deba recibir los aplausos, esperar a que el director entre y salga por más aplausos un par de veces y luego ante su orden ponerme de pie para recibir las congratulaciones por algo que apenas hice. Ciertamente mi buen amigo Andrés se las merece más, tiene un par de segmentos solistas en los que se luce, y me luzco a su lado no haciendo absolutamente nada.
Vamos, no bosteces. Hace rato que hacer gestos como llevar las cejas hacia arriba, sacar y ponerme los lentes o llevarme la boquilla del oboe a la boca no dan resultado. En cualquier momento caeré derribado sobre los fagotistas, y ellos directo sobre las violas.
Pero ¿quién soy yo? ¿acaso tan sólo la imaginación de alguien en el público, como aquel en la tercera fila a la derecha, alucinando un poco para pasar el rato? ¿acaso soy la manera en que evito que sea él quien caiga dormido? ¿acaso soy la excusa para no viajar con la música a lugares que no quiere ir? ¿acaso no soy nadie si no estás mirándome?

 

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2 pensamientos en “cinco notas

  1. ¡Qué bueno es este relato, Jorge! ¡cuántas preguntas tan importantes sobre la identidad de uno en tan poco espacio!, la que más me gusta es la última: ¿acaso no soy nadie si no estás mirándome? Es verdad, para ser necesitamos ser reconocidos, si no no somos nada…
    Muy bueno.

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