the musical box

En los noventas las cosas eran distintas. La forma de conocer nueva música era bastante limitada a escuchar programas especiales en la radio de tus artistas favoritos. Radios como Futuro y la antigua Concierto podían presentar material particularmente suculento para expandir los gustos musicales. Con cassette siempre en la grabadora con REC +PAUSE apretados, esperabas el inicio de un programa que pudiera llevarte a otros mundos.

Fue decididamente otro mundo el que conoci la primera vez que escuché The Musical Box. Ya conocía el material de Genesis de We Can’t Dance e Invisible Touch, además de un par de cassettes de otros especiales de Genesis de la radio. Ya había adquirido ese gusto especial de darse cuenta de que una canción podía durar más de 4 minutos y por qué no diez, y alucinaba con escuchar algún día esa mítica Supper’s Ready, canción de 23 minutos que aparecía descrita en mi releída revista Rock Clásico en su especial de Genesis.

Pero nada me había preparado lo suficiente para The Musical Box, primer tema de Nursery Cryme de 1971. Cómo podría estarlo, si básicamente se trataba de algo distinto a todo lo que había escuchado hasta ese entonces.

(Haz click para escuchar The Musical Box)

Con su inicio acústico en que destaca el intrincado trabajo de las guitarras de 12 cuerdas de Mike Rutherford, Steve Hackett y Tony Banks acompañadas de la flauta de Peter Gabriel y los precisos y prolijos aportes de percusión de Phil Collins, el grupo da el soporte musical a una narración acerca de darse cuenta de que los reinos de hadas no existen y de un alma en pena vagando por siempre dentro de una caja de música. Si bien la canción no nos entrega detalles, para eso está el librillo del disco, o las introducciones en vivo de Peter Gabriel, donde nos enteramos que el alma en pena es Henry, un niño condenado a vivir en un cuerpo senil cuando la dulce Cynthia graciosamente removió la cabeza del pequeño con una palo de criquet.

Acorde a la temática onírico-macabra, entre toda la belleza acústica se puede sentir que algo va a ocurrir. De cierta forma un aire siniestro se cuela ente las guitarras y ese algo luego estalla con violencia eléctrica, con Steve Hackett brillando en su debut en Genesis. Desde ahí en adelante se desarrolla una montaña rusa musical que no deseas que se detenga más, y que llega a una conclusión majestuosa.

Han pasado los años y sigo disfrutando The Musical Box, pero ya no es como esas primeras veces, en que por momentos parecía perdido en un océano musical de aguas bastante turbulentas, sin saber bien qué es lo que estaba por venir, pero esperandolo ansioso. Extraño esos tiempos en que escuchaba una composición que no parecía tener forma, en que las partes vocales eran islas en ese océano instrumental, donde Genesis parecía ser una orquesta ejecutando una obra sinfónica en clave de rock.

Era magia pura, en un tiempo en el que la música lo llenaba todo y brindaba respuestas para todo, y Genesis ciertamente lo era todo. Tiempos más simples, tiempos donde había demasiado futuro y muchos más discos de Genesis por descubrir.

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3 pensamientos en “the musical box

  1. sí, era como haber descubierto el pasadizo en la pirámide que te llevaba a la cámara mortuoria. qué experiencia esos años de descubrimiento de esta música. quizá cuando más se disfruta hoy es cuando uno recuerda las sensaciones de entonces.

    saludos

  2. Pingback: ¿qué música escuchas? « Jorge López.

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