incoherencias

Peter Hammill es todo un desconocido para las masas, e incluso para las inmensas minorías. Si dijera que es el líder de Van Der Graaf Generator tampoco aportaría mucho, menos si mencionara que ya lleva más de 40 álbumes en su carrera, y que las únicas veces en que ha aparecido en discos de esos que venden millones ha sido cuando ha colaborado en canciones de Peter Gabriel. Todo esto son sólo palabras que no significan nada a quienes me lean. Para mi hablar de Peter Hammill es hablar de un genio incomprendido (incluso por mi, he de admitir), para el resto es otro tipo desconocido más.

Pues bien, Hammill en 2004 edita un disco llamado Incoherence. Una pieza musical continua donde explora la forma en que el lenguaje nos disocia y transforma lo que queremos decir en otra cosa, en incoherencias.

O como él dice:

And when language corrodes
all our faculties falter and blur.
Nobody knows how our tongues got so swollen and furred.
What truths are there left to be told
when we’re all lost for words?

Siempre he leído que el desarrollo del lenguaje fue fundamental para el desarrollo del pensamiento abstracto, y que a mayor desarrollo del lenguaje logramos una mayor cultura, inteligencia y capacidad de relacionarnos con el entorno, siendo justamente la falta de desarrollo del lenguaje un elemento claro que podemos ver en los sectores socialmente más complejos (léase flaites).

A pesar de ello, no dejo de pensar de que Hammill algo de razón tiene. El lenguaje nos une, pero muchas otras veces sólo mantiene diplomáticamente las distancias, permitiendo un idioma común para millones de mentes que ciertamente funcionan de manera muy heterogénea.

Me gusta el silencio. Me gusta caminar en silencio, observar a quien está a mi lado sin decir nada, tratar de que las voces en mi cabeza se callen y quede la esencia. Me gustaría estudiar el lenguaje oculto en los gestos, sistema más puro que el de las palabras.

Después de todo, las palabras se gastan, cansan, dejan de significar, o cambian su significado según la ocasión. Tan fácilmente nos acostumbramos a decirlas hasta olvidar por qué las decimos. Cómo pierde el significado lo dicho, cómo se hace agua y luego se desvanece tan sólo por repetirlo. No sería mejor acaso decirlo una vez y luego no volver a manosearlo, con tal de que conservar ese brillo inicial, con tal de no darte cuenta un día que ya no sabes de lo que estás hablando.

¿Cuántas buenos días, cuántos cómo estás, cuántos bien decimos y escuchamos diariamente? ¿Cuántos te quiero, cuántos te amo hemos dicho sin estar seguros de lo que sentimos? La ultimachupádelmate. ¿Cuál es el porcentaje de usuarios de esa frase que realmente han tomado mate? y de esos, ¿quienes guardan algún recuerdo claro de esa última chupada al mate? a mí lo que se me viene a la mente en cambio es el sabor metálico de la bombilla. No es exactamente en eso en lo que debiera estar pensando, o sí?

Pese a todo lo anterior, no me queda más que escribir. Qué más puedo hacer.

Palabras, palabras, palabras.
Yada, yada, yada.

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