escena tres

Fueron escasas las fracciones de segundo que salvaron al perro. Literalmente salvado por un pelo del impacto con el auto, un robusto 4×4 del año, el perro sigue su marcha. No sabe que estuvo a punto de que sus transmisiones en este mundo terminaran, de transformarse en una mera masa deforme de carne. Probablemente sabe que estuvo a punto de sufrir algo doloroso, no sabe bien qué, y  sigue su marcha a la tercera pista con algo más de miedo que con el que llegó a aquella cuasi fatídica segunda pista.

¿Y el chofer? el chofer ya está en su destino, ya olvidó todo el asunto, si es que acaso lo notó. ¿Y el perro? el perro ya está abriendo con su hocico una bolsa de basura en una calle escondida, minutos antes de que la dueña de casa escuche el ruido y salga a tirarle una piedra, que lo hará correr de vuelta a la avenida.

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